lunes 9 de abril de 2007

Hoy es hoy


Recuerdo tres discos. “Appetite for destruction” de 1987; “El cielo puede esperar”, de 1990 y “Trance zomba”, de 1994. Tres discos. Tres bandas diferentes. Un mismo momento. Esa era la época en que en el barrio había un par de pibes pasándose casettes TDK negros grabados y regrabados… también sonaban Iron Maiden, Metallica… y más tarde 2 minutos y Sepultura. Por ahí aparecía uno de los Sex Pistols, Ratos de Porao, Gatos Sucios o alguna otra banda medio rara… algunos tenían remeritas rockeras y ya calzaban John Foos, que en esa época costaban 2 mangos y eran iguales que ahora. Entonces, cuando se decía “Rock Nacional” se estaba hablando de Soda Stereo, Charly García, Fito Páez y León Gieco… nada más.

No. Ni La Renga, ni Divididos, ni Callejeros. Nada de eso existía aún.

En 1990 en una fiesta de cumpleaños de un vecino puse a sonar la cassette de “El cielo puede esperar” e inmediatamente llamaron a mis padres para que me llevaran a mi casa. A la cassette no la devolvieron. Ni mis padres la reclamaron (para ellos cualquier cosa que no fuera Deep Purple o Led Zeppelin no justificaba tomar medidas al respecto). Y yo hasta el día de hoy no he vuelto a escuchar Attaque… después de aquella situación del cumpleaños me entretuve mejor con Los Violadores y otras banditas parecidas durante un breve tiempo.

Sí. Ser rockerito era raro e insufrible cuando se vivía rodeado de gente que hacía sus deleites escuchando Jazzy Mel, Ace of Base, Roxette y otras pelotudeces. Pero con el tiempo las bandas se hicieron cargo de aquel “Vamos…!” ricotero y llegaron todas juntas.

Ahora lo que suena es el rock. Lo que suena. Lo que vende. Si no escuchás rock escuchás electrónica. Si no vas a festivales vas a raves. Si no hubiera rock ni electrónica ahora estarías consumiendo The Sacados viejo. Así que decile gracias a la industria nacional por haber madurado un poco más de lo esperado sin que dependa de vos.

Lo único que sé del negocio del rock es que da resultado. Lo sé porque cada vez escucho más bandas y cada vez suenan mejor. Lo sé porque llega el finde y no importa dónde vaya, encontraré sobre el escenario una banda de rock. De pronto esta ciudad se ha convertido en la ciudad en la que quiero vivir… enciendo la radio: rock. La tele: rock. Pasan los autos: rock. Chicos silbando: rock. Gente llenándose de guita: rock rock rock.

Durante este último finde 2 bandas tocaron en ámbitos hasta ahora vedados para el público del palo: La Mancha de Rolando en Carreras y PIER en Khalama. Se abren nuevos escenarios, el rock conquista e intoxica todo. El rock está de moda viejo… de moda. Y ya lo poco que queda para diferenciarte de esos caretas que no te bancás ni ahí, es que ellos continúan vistiéndose mejor que vos.

Seguí participando!